
Un “fumeta” es un incansable “fumador de porros”, veterano fumador de cannabis, marihuana o hachís. El número de porros que se fume no hace al “fumeta”, pero si es “de los buenos” fuma mínimo 10 porros diarios: Dos por la mañana (a él le parecen pocos), cinco por la tarde, y tres por la noche.
Un fumeta tiene derecho al libre desarrollo de su personalidad. Ama los porros. Acepta el daño que le pueda causar fumar porros, cáncer, enfermedades respiratorias, por el placer que le produce fumar cannabis.
Siento cierto “chirrido” de las voces que hablan de “consumo moderado” queriendo limitar el número de porros que uno puede comprar o se debe meter entre pecho y espalda. Una persona tiene derecho a fumar todos los porros que le de la gana.
Hace muchos años era jugador federado en Ajedrez. Iba a un Club maravilloso, donde fumábamos porros. Éramos muchos.
Una noche agotadora de análisis de partidas aplazadas, un socio del club, persona entrañable y amantísimo del ajedrez, inventó la teoría de que “no era lo mismo ser ajedrecista que jugador de ajedrez”.
Aquello nos impactó a todos.
Hubo debates durante mucho tiempo.
Hubo risas y piques.
Hubo acusaciones de qué socios eran “jugadores de ajedrez” y alabanzas a socios “ajedrecistas”.
Llegamos a la conclusión de que efectivamente ser jugador de ajedrez puede ser cualquiera.
Pero ser ajedrecista, persona noble que vive el ajedrez con espiritualidad, estaba reservado para unos pocos socios.
Parodiando a mis viejos amigos del desaparecido “Club de Ajedrez Falla Exposición” de los años 80, propongo que “No es lo mismo ser fumeta que fumador de porros”.
Fumador de porros puede ser cualquier persona.
Un fumeta es una persona noble que vive el cannabis con espiritualidad.
Se dedica a la contemplación.
Observa el entorno, el clima, los animales, las plantas, los hongos.
Observa a una magistrada de lo Social de Alicante como está histérica desbordada de trabajo.
Cuando en su cerebro le cruje alguna idea, la hace. Eso le divierte mucho.
Comprende perfectamente a las personas que se meten en follones, discusiones, jaleos, piden hipotecas, se complican la vida. Los comprende porque ha observado y pensado mucho sensibilizado por el cannabis, “colocado”. Ha llegado a la conclusión de que a esas personas “les gusta eso”. Comprende que todas las personas están donde quieren estar.
Un veterano fumeta ha conocido más de 50 camellos en esta vida, los proveedores los detienen, cambian de profesión o desaparecen. Ha ido en esta vida a infinidad de sitios a comprar cannabis.
Los fumetas decidieron cultivarse ellos la marihuana.
Los fumetas, hace años que llegaron a la conclusión de que “las relaciones personales no funcionan”, decidieron relacionarse “lo justo” con las personas.
Los fumetas son, esencialmente, antiautoritarios.
Nota Final: No conozco a ningún fumeta. Jamás he tenido esa suerte.
Fdo. Enrique Fornes Angeles. Licenciado en derecho.

Aquí unos fumetas entrañables. Los fabulosos y peludos Freak Brothers: Franklin, Fat Freddy y Phineas, del norteamericano Gilbert Shelton.
