Inseguridad ciudadana, Antonio Escohotado

Por si no lo recuerdan, en febrero de 1992 las Cortes aprobaron la moción socialista de una ley orgánica llamada de Protección de la Seguridad Ciudadana, defendida a machamartillo por el entonces responsable de Interior, señor Corcuera, entre cuyas novedades figuraba el derecho a la retención para identificar, las sanciones de orden público basadas en informes policiales y la obligatoriedad de pagarlas para poder recurrir.

Es una ley que representa la demagogia en grado eminente, entendiendo por demagogia esa apelación a la plebe que engaña a pobres, a ricos y a medios ricos, prometiendo unos imposibles repletos de fraude. En este caso, que la seguridad ciudadana dependería de hacer más irresponsables y temibles a las diversas policías.

La ciudadanía es muy dueña de preguntarse si quince años (en el original, seis años) de aplicar la ley Corcuera nos han hecho más segura la existencia. Obsérvese que considera infracción grave consumir o tener cualquier cantidad de “estupefaciente” (artículo 25.1), e infracción leve exhibir “objetos peligrosos para la integridad física de las personas con la finalidad de causar intimidación” (artículo 26.g), así como la “venta o servicio de bebidas alcohólicas a menores” (artículo 26.d).

(cortes del texto original, Inseguridad ciudadana, de Antonio Escohotado, en la sección de artículos)

(Fotografía de ddaa en flickr)

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5 respuestas a Inseguridad ciudadana, Antonio Escohotado

  1. ¿ PASÁRSELO BIEN ?
    Es muy antigua costumbre del ser humano cambiar la apatía que a veces genera la realidad por el atajo de la ebriedad, sea esta lúdica o por vicio. Cuando la muchedumbre entra en éxtasis, suelen decir las cosas como les sale del alma, o como les sale de su falta de perdida de ilusión y perspectivas de futuro o realidad machacante, pensando así, que cubrirán sus necesidades.
    La adolescencia, que es faceta e instante de la vida donde la rebeldía se ondea como una bandera, también es confundidora por las ganas de explorar y rastrear caminos que les han de llevar a una madurez utilizando su propio criterio. Pero en este camino hacia la curiosidad disfrazada y vestida de engaño, pueden perderse por el bosque encantado de las drogas, que ven como solución alternativa lo que la sociedad no sabemos por defecto ofrecerles. Y estos, sondean con la inocente ignorancia con sustancias que creen sustitutivas de nuestros errores, de nosotros los adultos culpables a veces de mirar hacia otros lados. El joven y siempre curioso adolescente, puede caer en la trampa del trampero que suele llamarse “camello”. Y que les ofrecerá argumentos convincentes que suelen ser principios de tragedia y mala fortuna. Y este, con su cobarde mercadería le dirá: ¡Calla, escucha y verás!
    Los chavales no saben ni lo que se embuten entre pecho y espalda. Y en su todavía jovial organismo donde sus hormonas avanzan confundidas y enredadas por sueños por cumplir, estimulándose y creyendo en su distorsión de la realidad que sus rostros son más divertidos y ocurrentes, en una falsa pantalla, donde las imágenes que se proyectan serán las del desvarío y el delírio más que de realidad alguna. Y que bajo los efectos de “tóxicas golosinas”, percibirán también el miedo, que les asaltará con mil géneros de tretas y engaños, viendo y percibiendo aquello que normalmente no existe y que les llevará por caminos que puede que no llegue nadie.
    La cocaína -que suele hacer acabar las aventuras en tristes historias-, droga por excelencia en esta contemporánea sociedad, fue sustancia de moda de muchos “yuppies” que fueron los “frikis” económicos de los 90, ya la puede ingerir hasta el plebeyo que tira de salario. Ignorando, que esta sustancia, a muy corto plazo le volverá el corazón negro. Y también el cerebro, que en llegando a él, hará buena cuenta, corriendo el riesgo de caer en algún genero de locura o de todo el juicio perdido. Haciendo hacer cosas extrañas y decir palabras desordenadas y sin sentido, poniendo cerrojos a la mente, haciéndose la sustancia el amo y el consumidor el esclavo. Los hay que entrando en esta dinámica ingerirían hasta azufre, que es la droga preferida del diablo que siempre está de ronda en las noches de “verbena” por ser un gran insomne. Y que estas cosas de ver al prójimo sufriendo le ponen en una gran satisfacción y orgullo de su profesión, -ese es su oficio y no hay que culparle por ello-. Y se gusta de llevarse a los chavales a cuevas oscuras donde tiene un cofre fermentado surtido de toda clase de néctares festivos, donde añadirá fuego al fuego, como queriéndoles enterrar en vida.
    – ¡Ingerid hasta la saciedad! -Dice el diablo- Que yo presto, os acortaré la vida.

    – ¡ Que bién me siento señor diablo!

    -A que sí, gilipollas.
    ¡Moriré si tu tardas!, droga mía. Para acabar siendo esclavo de tus duelos. Juventud, no seáis necios y escuchad a los que suelen dar consejos. Y después, decidid vosotros mismos lo que más os convenga: ser figura o ser sombra.
    Sergio Farrás Bas, “Escritor tremendista”.

  2. imaga dijo:

    Excelente texto asustaviejas, Barrabás.

  3. Pringadillo24 dijo:

    Jajajajajajaja, Barrabás. Muy bueno Imaga.

    Lo mejor es eso de: “Juventud, no seáis necios y escuchad a los que suelen dar consejos …. decidid …. ser figura o ser sombra”.

    Cuando leo cosas antiprohibicionistas como estas, me dan unas ganas tremendas de inmediatamente hacerme 4 rayas de cocaína, 2 tripis, 3 anfetas, 4 éxtasis, 1 psilocybe y 8 porros. Y gritar: “Viva la droga!!”.

  4. imaga dijo:

    Estos “que suelen dar consejos” tienen una visión muy fantástica e interesada de la realidad.
    Lo de Barrabás, interpreto yo, es cosa del propio escritor tremendista (Farrás Bas = Barrabás). Es un diablillo que nos previene del azufre. El caso es particular.

  5. someone dijo:

    jaja increible que todavia existan personas como Sergio Farrás Bas, tremendo, jaja jaja, pero bueno, no es de mucha risa, por gente como el es que hay tantos ‘adictos’ autosugestionados que terminan matandose.

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