Caperucita Roja y el porro feroz

Caperucita FAD

La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción considera que los jóvenes ya tienen toda la información que necesitan para afrontar la realidad de las drogas. Se la explican mediante cuentos infantiles tradicionales, “el medio más efectivo para contar historias y aprender moralejas”. Lo demás son cuentos (1).

L@M/ Había una vez una niñita llamada Caperucita a la que su madre le dijo que fuera a pillar marihuana a casa de la abuelita, advirtiéndole que no cediese a los ofrecimientos de hachís del lobo, que últimamente lo pasaba malo. Caminando por el bosque, llegó a la puerta y llamó.

– Entra, hijita.

– ¿Cómo estás, abuelita? ¡Qué porro tan grande tienes!

– Es para fumármelo mejor.

– Abuelita, abuelita, ¿Y por qué fumas?

– Para sentirme mejor.

La abuelita se encendió el canuto y Caperucita comenzó a cantar: “Abuelita dime tú, por qué huele el aire así; abuelita dime tú, por qué en una nube voy; dime por qué yo soy tan feliz; dime por qué lo prohíben aquí”. 

El delegado para el Plan Nacional sobre Drogas aboga por dotar a las familias de medios para difundir el mensaje de que “el cannabis es perjudicial”. Necesita una fábula, sin final feliz (no banalicemos), le conviene un relato de terror (estigmaticemos): el lobo, tras fumarse un porro feroz, descuartiza a la abuelita y se la da a comer a Caperucita, a quien sodomiza antes de merendársela.

En las comunidades donde el cannabis asoma la cabeza, los políticos comedian la historieta. En Cataluña, el “conseller de Salut”, fantasea con que el consumo de cannabis es la causa del bajo rendimiento escolar. Y en el País Vasco, parte de la mojigata regulación de los clubes de consumidores consiste en prohibir que estos se sitúen a menos de 300 metros de los colegios.

La distancia es lo de menos para los menores. Cuenta la leyenda que las drogas se las regalan a las mismas puertas de los colegios. Con todo, a día de hoy, la sociedad, incluída la juventud, teme más a las porras de la policía, por experiencia propia, que a los porros del camello feroz.

Notas y artículos relacionados:

Recién estrenada la prohibición, en 1964, el psiquiatra R. D. Laing expresaba un convencimiento extendido al decir que “Sería mucho más feliz si mis hijos adolescentes, sin faltar a la ley, fumaran marihuana cuando quisieran, en vez de llegar a caer en la situación de muchos de sus padres y abuelos, adictos de nicotina y alcohol”. (Historia de las drogas, Antonio Escohotado, Alianza Editorial, Madrid, 1989).

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(1) Lo demás son cuentos.

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