Asociaciones, tráfico de marihuana y Ministerio del Interior

manipulacionL@M/ Es de gilipollas dar de alta un Club de Consumidores de Cannabis (CSC) en el registro de asociaciones para traficar marihuana. “Las asociaciones inscritas son perseguidas en cuanto comienzan su actividad de cultivo y distribución”, según advierte el Delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.

Desde el primer intento de cultivo compartido, la administración se esfuerza en criminalizar asociaciones que distribuyen cannabis entre sus socios, vinculándolas al tráfico de drogas. No sólo promueve la sospecha de que todos los CSC son subterfugios para delinquir, sino que lo da por hecho. Sin pruebas, claro.

Sorprendentemente, hace poco más de dos años, la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC), daba fe en un comunicado de prensa de la consigna prohibicionista reconociendo que existen clubes (por supuesto, no pertenecientes a la FAC) que, “tras la fachada de una asociación, llevan a cabo actividades que van más allá de lo legal”. Dos años después, sin que se haya demostrado, la revista Soft Secrets insiste en el mensaje. 

“Hay asociaciones que actúan como verdaderas tapaderas de traficantes”, repite la publicación a sus lectores en los dos últimos editoriales. Y añade más carga dramática: “hay clubes que no son regentados por españoles, sino que pertenecen a diversas mafias extranjeras de tráfico de drogas, decididas a “legalizarse” montando un club”.  Afortunadamente, se desconocen baños de sangre. Y las víctimas, lejos de rechazarlo, solicitan sus servicios y los financian muy gustosamente.

Es inverosímil que alguien cuyo negocio consiste en infringir la ley se apunte en una lista para que le persigan. Pero, habrá motivos, sin duda, para que dos actores cannábicos tan relevantes como la FAC y Soft Secrets digan lo que dicen, sin ofrecer más datos, protegiendo el nombre de las asociaciones que presuntamente ocultan actividades delictivas y exponiendo a la sospecha pública a la mayoría de asociaciones que hay en el país.

Un pasito más en ese sentido y florecen en el sector campañas del tipo “no sospeches del vecino, entrégalo”.

Si hay mercado, éllos están

El aparato represor tiene recursos para inventar, construir y etiquetar lo que no existe. ¿Puede haber asociaciones cannábicas dedicadas al tráfico ilegal? Igual, como las meigas, “haberlas, haylas”. Pero, si un CSC está inscrito en el registro de asociaciones y vende ilegalmente marihuana durante más de tres semanas (no digamos dos años), ese club tiene salvoconducto del Ministerio del Interior.

Porque las fuerzas de seguridad obedecen, trabajan, persiguen, acosan, chantajean, se infiltran, usan confidentes, mienten,… Si eligen intervenir aquellas organizaciones que más recursos invierten en demostrar su inocencia mientras respetan a los traficantes que tan mal y durante tanto tiempo se camuflan entre el movimiento cannábico (habiendo expertos sabuesos), será que el Ministerio del Interior tiene debilidad por el crimen organizado.

Tampoco sería la primera vez que la policía se disfraza de camello con la excusa de la lucha contra el narcotráfico. ¿Por qué no va a montar un CSC con la misma pamplina? Si hay mercado, éllos están. Y cuidadito con denunciar los negocios que protegen: corres el riesgo de que te incriminen a ti (Yo viví poli, drogas y prostitución).

“La trama de colaboradores y colaboradores de éstos es una tela de araña sensible a casi cualquier señal de mercancía o adquirientes, que si dejan escapar algo no es por desconocimiento sino por pactos o nuevos impuestos formales”, constata  Antonio Escohotado en el tercer volumen de su libro Historia de las drogas, bajo el epígrafe la estrategia represiva y su evolución.

Cuando se presta atención a los pocos datos publicados sobre quiénes manejan la venta ilegal de drogas, se concluye que la mayor parte del narcotráfico mundial depende de los servicios secretos de los Estados.

Sea como fuere, los sociópatas prohibicionistas ganan otra batalla contra la legalización de la marihuana. La creencia de que hay asociaciones que delinquen está instalada tanto en el público generalista como en el cannábico.

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18 respuestas a Asociaciones, tráfico de marihuana y Ministerio del Interior

  1. imaga dijo:

    No parece que a los fiscales antidroga les preocupe mucho el tráfico de marihuana en las asociaciones:

    “Los fiscales antidroga también analizarán la cuestión de las asociaciones cannabicas que han proliferado en los últimos tiempos como sociedades de consumidores y que en principio no incurren en ningún delito, puesto que se trataría de un supuesto de autoconsumo consentido, en el que al no traficar y no vender las sustancias a terceras personas quedaría fuera de lo que puede considerarse como un delito de tráfico de drogas. Estas asociaciones tienen además unos estatutos muy bien elaborados, explicaron las mismas fuentes”. (eldiadecordoba.es)

    • imaga dijo:

      Es curioso. Marihuana Semillas Blog, una web joven muy activa publicando que suele ser pulcra tratando información (por eso está en nuestro lateral), le ha dado la vuelta a lo que dicen los fiscales.

      Titula así (alarmando): “Los fiscales antidroga cuestionan las asociaciones cannabicas“. He comentado que lo interpretan al revés. He citado el corte anterior, de donde Marihuana Semillas Blog saca parte del texto. He preguntado (con el objeto de poder informar con veracidad), por el enlace donde los fiscales afirman que ven “en estas asociaciones un posible delito de tráfico de drogas”, como se publica en su artículo, añadido al párrafo modificado del diadecordoba.es. Les he invitado a este hilo, donde tratamos el tema. El comentario está en moderación.

      Yo lo puedo ver. Para mi sorpresa, donde yo enlazaba con eldiadecordoba.es, la página redirige a laopiniondemalaga.es. Lo he hecho notar en otro comentario y he añadido la dirección correcta. Sigue en moderación junto al otro.

      ¡Qué misterio! Cuando pregunté a Soft Secrets me respondieron con el silencio (a mí y a sus seguidores de facebook), como Juan Cotino a Jordi Evole.

  2. Pringadillo24 dijo:

    Tienes razón Imaga. No hay CSC “buenos” y “malos”. Vender cannabis es algo positivo, solo es delito en el papel, en los estados fascistas, como España y todos los del mundo, donde dicen que es delito. La libertad de abastecerse de cannabis, o cualquier droga, es un derecho inherente al ser humano.

    Estamos avanzando más gracias a los CSC “malos” que a los “buenos”. Gracias a los “malos”, hay posibilidades que se regulen los “buenos”.

    Tildar a algunos CSC como “malos” es fascismo.

  3. imaga dijo:

    Al lenguaje de la prohibición le interesa dividir al enemigo y logra que no haya cohesión (en el País Vasco es diferente). Independientemente de este conflicto de etiquetas, los clubes proliferan y todos se exponen. El discurso que se está organizando en torno al moviment català es más fresco y flexible (propone diálogo, busca consensos y evita expresamente la polémica) que el que expone la FAC en los últimos documentos (que impone un modelo con justificaciones vacías). En septiembre hay un foro de CSC´s. Será interesante conocer el debate y sus conclusiones (aunque es posible que no haya más del 20% de los clubes). Mientras tanto, hay barra libre en más de un garito oficialista para ver traficantes por doquier.

  4. Pingback: Fiscales antidroga admiten normalidad en los CSC | Marihuana Blog

  5. imaga dijo:

    La lista de características de las presuntas asociaciones traficantes se amplía. Ya no son sólo las no regentadas por españoles, sino también las que son visibles y accesibles y las que son grandes y comerciales (esta característica no es nueva, pues está prohibido el comercio y todas las asociaciones padecen ese cliché a instancias de la administración, la novedad es que se le endiña el sambenito a las numerosas).

    La FAC continúa inculpando asociaciones de tráfico. Si la policía no sabe buscar, Barriuso le da pistas (se entiende que sin ánimo de lucro), aunque sigue siendo demasiado ambiguo (con los perjuicios que eso puede conllevar para los clubes visibles y o grandes): “cuando se dan muchas facilidades para encontrar el club, o su ubicación está pensada para que la gente lo vea, hay que pensar que eso no es un circuito cerrado con plazas limitadas, sino un punto de tráfico camuflado de otra cosa”.

    “Se han dado casos de clubs sociales grandes que se dedican a la comercialización más que al autoconsumo”, afirma Elisabeth G. Iborra sin aportar ninguna prueba (sentencia judicial) tras hablar con Barriuso, quien comenta: “en la FAC no nos gusta el modelo de club grande con carácter comercial, entendemos que no se puede garantizar la transparencia y la gestión democrática y que hay riesgo de manipulación por intereses comerciales”.

    Son demasiadas tonterías juntas para un hombre que ha escrito La prohibición de drogas, del tabú moral a la desobediencia civil. ¿Qué ha pasado entre unas palabras y otras? Mucha presión del Estado, entre otras cosas, cuatro detenciones.

    Hace no muchos años se congratulaba de que en poco tiempo se podría ver algo parecido a coffe shops en España. Este año, en la feria Spannabis, consideraba una amenaza la expansión de los CSC en Cataluña (donde hay clubes grandes). Incluso, comentó que la experiencia catalana era el motivo de que en Uruguay se retrasara la legalización (era febrero). El hecho de que el parlamento sudamericano la haya aprobado, a expensas ahora del Senado, sería un indicativo de que Barcelona no es un inconveniente. También veía cuernos demoníacos (presunción de actividades ilícitas), pero lo hacía de modo jocoso, atribuyéndose a sí mismo los cuernos que otros han querido colocarle en él.

    Es distinto que las declaraciones de ahora o del comunicado enlazado en el artículo de hace un par de años.

    Se habla mucho de moral en los entornos de la FAC. Sin entrar en cuestiones éticas de si está bien o mal hacer con otros lo mismo que no te gusta que te hagan a ti (nadie debe de ser discriminado por cuestión de moral, sexo, procedencia,…), lo que acarrea consecuencias es acusar a terceros en falso, dado que está tipificado como delito por dañar a terceras personas.

    Barriuso se mostró preocupado porque en el extranjero se dijera que Barcelona parecía el Amsterdam español. Eso, destacaba, presionaba a la administración y se corría el riesgo de un ataque represivo contra los clubes. No cabe dudar que también valora que sus declaraciones publicadas en España añaden más presión todavía para que las Fuerzas de Seguridad del Estado actúen contra las asociaciones.

    Barriuso incrementa la presión de intervención de clubes dirigiéndola fuera de la marca FAC. Ya lo hizo hace dos años y no le funcionó. No ha habido piedad con Pannagh ni con Maca. Si la estrategia es la del no somos nosotros, son ellos, es patética, y no van a dejar títere con cabeza (igual nos libramos por la tendencia americana). Si con motivo de la polémica sobre las declaraciones de los fiscales, la FAC titulaba que todos los CSCs son culpables hasta que no se demuestre lo contrario (ni aún así, se podría replicar), ahora desvía el asunto hacia los grandes, accesibles y visibles.

    La persecución de asociaciones es cosa de la administración. Si a la FAC le consta que alguien comete delito, su obligación es denunciarlo formalmente para quien le corresponda actúe en consecuencia sólo contra quien vulnera la ley y evitar que la sospecha se extienda. De otra manera, haciendo publicidad de que los clubes grandes, accesibles y visibles se dedican a comercializar cannabis, está poniendo en el punto de mira de la policía a un abanico indeterminado de CSC, legitimizando el estigma del crimen que pesa sobre los consumidores.

    Si se trata de una campaña de segurización, regalar miedo para vender seguridad (mediante auditorías y controles de comportamiento), es poco convincente. Esos métodos, siendo lo más aconsejable, no son seguros tampoco, también se intervienen cultivos y locales y son incriminados los socios. Por otra parte, qué seguridad te aporta quien te cuestiona (vinculándote a un delito) sólo por el hecho de no estar bajo su control. Deja poco lugar para al entendimiento y si hay daños, mucho para el rencor.

    Otra vía hipótesis es que los servicios secretos estén interviniendo la comunicación de la FAC e imponiendo determinadas consignas para generar desconfianza y obtener datos de consumidores. Es preocupante que de manera extraoficial, como expuso el médico José Marrollo en Growmed, la policía podría estar utilizando datos de algunos clubes de consumidores. Es bien sabido que, desde la Brigada Político Social franquista (hoy reconstituida en la práctica) a la Stasi de la República Democrática Alemana, todas las policías, y en particular las de los regímenes dictatoriales, han acumulado multitud de datos sobre un gran número de ciudadanos. Si no va acompañado de ataques selectivos o de algún montaje, es el panorama menos nocivo.

    Otra visión sobre los distintos modelos de clubes la dio Iker del Val, presidente de Gangazz, segundos antes de que hablara Martín Barriuso en la conferencia citada en Spannabis. Iker distinguió entre clubes cooperativistas y otros con enfoque de mercado. Cada modo está legitimado, dijo, hay que convivir, Se puede ser diferentes pero hay objetivos concretos, normalizar el cannabis, que no haya criminalización. Con su postura, la FAC está lejos de de esos objetivos.

    También se pregunta si estamos preparados para un ataque de la fiscalía. La respuesta es, desde luego que no, para eso nunca se está preparado. Menos, si hay tanto empeño por una parte en señalar a otros clubes como delincuentes.

  6. imaga dijo:

    En Mayo de 2013, se constituye legalmente en el Registro de Asociaciones de laComunidad Autónoma de Madrid, la Federación de Asociaciones Cannábicas Madrileñas (MadFAC) integrada por ocho asociaciones.

    El objetivo común: “la regulación del cultivo y de la tenencia destinada al consumo de esta sustancia. Aprovechamos el sistema de autorregulación asociativo, que desde hace años se viene desarrollando por parte de la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC) y adaptándolo a la idiosincrasia madrileña”.

    “Movidos por la defensa del usuario de cannabis ante la criminalización que padece por su consumo”, declaran. Hablan de transparencia, y de defensa del usuario de cannabis ante la criminalización que padece por su consumo, “convirtiéndonos en un interlocutor valido”.

    Sin embargo, llegan a la conclusión de que deben distinguirse “de las mutaciones mercantilistas y oportunistas del modelo asociativo, que usaban todo el trabajo previo desarrollado por la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC), para lucrarse indiscriminadamente, perjudicando al resto de asociaciones”.

    “Mutaciones mercantilistas”. Otra vez, la marca FAC relaciona CSCs con actividades delictivas. ¿No querían defender al usuario de la criminalización? Pues lo hacen de pena. Que se queden quietos, por favor.

    “Mutaciones mercantilistas y oportunistas del modelo asociativo, que usaban todo el trabajo previo desarrollado por la (FAC)”. “Oportunistas”. La FAC se pronunciaba así en ponencia ante el parlamento nacional en 2006:

    “4.4. Se debería permitir que vaya arraigando una cultura popular sobre el uso de cannabis, similar a las de otras drogas de uso más normalizado, como el alcohol”. “Como modelo de transición se propone el de los clubes de consumidores, con producción no comercial en circuito cerrado.”

    El principal modelo regulador alternativo presentado hasta hoy en el estado español, el conocido como Manifiesto de Málaga, recomendaba “que las drogas actualmente ilícitas pasaran a ser consideradas medicamentos normales, aunque con un régimen de venta especial, siendo dispensadas en farmacias, sin necesidad de receta y en dosis única, mediante identificación que permita comprobar la mayoría de edad de la persona compradora”.

    Con respecto al cannabis, se planteaba “que su venta se podría llevar a cabo fuera
    de las farmacias, en lugares especialmente autorizados para ello. El
    régimen que se aplicaría a la producción y dispensación de cannabis y al
    consumo de todo tipo de drogas sería análogo al que se aplica al alcohol
    y al tabaco”.

    El trabajo previo de la FAC y otros grupos antiprohibicionistas durante muchos años ha sido la reivindicalción de la legaliización del cannabis, mercantilización incluida. Los CSC estaban ideados como modelo de transición.

    Quien ha sufrido una mutación y se comporta de modo oportunista aprovechando el trabajo previo de la FAC, y de otros grupos antiprohibicionistas, es la propia FAC y MadFAC le va a rebufo.

    “Perjudicando al resto de asociaciones”. Dar por hecho, sin pruebas, que hay asociaciones que mercantilizan cannabis hoy, siendo delito, azuza a la policía a intervenir contra las asociaciones, lo que puede perjudicarles grave y traumáticamente..

    ¿De quién quieren convertirse en “interlocutores válidos” estos asaltadores de identidad, aprovechando de manera oportunista y velada el trabajo previo de la FAC (el original y auténtico) y de otros grupos antiprohibicionistas, para quitarle contenido a la reivindicación de la legalización del cannabis?

    La FAC que representaba a los consumidores de cannabis defendía la legalización como una cuestión de derechos civiles. La FAC de ahora ya no lo hace, reclama “mecanismos legales que impidan la mercantilización del cannabis”, pero se arroga la autoridad de la lucha de entonces.

    “…nuestra visión del modelo a alcanzar cambió. Si conseguimos abastecernos directamente y en mejores condiciones, ¿para qué vamos a luchar por un mercado capitalista para el cannabis,…” (sic).

    Nunca se luchó por un mercado capitalista para el cannabis. Se lucha (la FAC, ahora no) por la normalización del cannabis, que incluye (entre otros aspectos) la regulación legal de la venta de cannabis a adultos. Donde el activismo antiprohibicionista veía y ve soluciones, la nueva versión conformista y prohibicionista de la FAC augura profecías malignas y tiene visiones utópicas;

    “Antes que cambiar el actual panorama de represión y mafias por otro escenario de marihuana adulterada y poco ecológica, empaquetada por empresas multinacionales (…) preferimos imaginar un mundo (…) utópico”.

    La marca FAC, que antes lideraba una reivindicación sólida y estructurada por la legalización, ahora encabeza una utopía. Así, no pueden ser interlocutores más que de sí mismos; en absoluto, de los consumidores de cannabis, para lo cual están completamente inhabilitados.

  7. imaga dijo:

    Encod también institucionaliza el término club comercial. Presumiblemente a instancias de la FAC (miembro de la organización), por la experiencia catalana, propone “un texto para mostrar de forma rápida y clara lo que es un CSC, para mostrar a periodistas, políticos, etc, para dejar claro que se debe distinguir los CSC de otras iniciativas (grupos que no son transparentes, que no invierten en el activismo, que están orientados comercialmente)”. (Actas de la Asamblea General de Encod 2013).

    No habla de tráfico, no criminaliza. Al contrario, se posiciona: “Apoyamos a todas las iniciativas que promuevan un mercado legal del cánnabis”. Encod entiende “los CSC como base de ese marco”, del mismo modo en que fueron concebidos, como modelo de transición. Es más, ante la alternativa de convertirse en una federación europea de CSC se postula: “No, Encod no puede ni quiere jugar el papel de juez o de agencia de control. Por lo tanto, no tiene sentido establecer una Federación ahora. Podemos promover el concepto, pero no es el única posible”.

    La cuestión de la transparencia no queda clara. Ante quién tienen que ser transparentes los CSC. En principio, ante la administración, mediante registro correspondiente, y ante los socios. A nadie más tienen que dar cuentas. Y cualquiera que dé la cara ante la administración, que se sitúe voluntariamente en la lista de quienes van a perseguir, como amenaza el Delegado del Gobierno del PNSD, invierte en activismo.

    Es incorrecto y peligroso catalogar a las asociaciones de comerciales si no se tiene constancia de que se obtienen beneficios y se reparten, y hasta el momento no la hay. Otra cosa, sin connotaciones delictivas, es que haya clubes orientados al mercado, a satisfacer una demanda social. Se podrá distinguir entre unos modelos u otros, Iker del VAL lo consideró importante en Spannabis, pero no desindexar a nadie del apartado activista (algo que no hizo el presidente de Gangazz).

    Entonces, para distinguir los CSC de otras iniciativas, Barriuso relaciona a los clubes grandes, accesibles y visibles con el tráfico de cannabis, exponiéndolos a la represión policial. La actitud que está mostrando la FAC ante este asunto, estigmatizando modelos que no aceptan su control, está desactivando en España el objetivo de Encod de apoyar “a todas las iniciativas que promuevan un mercado legal del cannabis”.

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