Filósofo trascendentalista, visionario delfin del legado psicodélico de Timothy Leary. Psiconauta, erudito chamánico y etnobotánico, elaboró una teoría matemática muy extraña y singular llamada Time Wave Zero, creó con ésta un programa para ordenador, basado en el I-ching y el calendario Maya.

Una vez, preguntado sobre su propio papel en la historia, contestó: “Si estoy en lo cierto, soy Newton… si no, estoy loco”.
Terence McKenna es sin duda uno de los mayores promotores de la cultura psicodélica en los años 90. McKenna recalcó el concepto del ser humano como parte de una relación de simbiosis con la Naturaleza, algo diametralmente opuesto a la actitud estándar que promueve nuestra cultura, que la contempla como algo que hay que diseccionar y dominar a través de un empirísmo ortodoxo que la domina.
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Imaginemos que una “periodista” con ganas de trepar y pocos escrúpulos profesionales se dedicara durante tres semanas a meterse dosis masivas de alcohol en el cuerpo: Unas cuantas copas de orujo en el desayuno, unos chupitos de güisqui a media mañana, tres litros de Rioja en el aperitivo y así, exceso tras exceso, hasta el coma etílico. Imaginemos que, además, la autodenominada “periodista” insistiera en hacer su “trabajo” en plena melopea. El resultado, sin duda, sería lamentable. Si, para colmo de amarillismo, la susodicha intentara extraer profundas conclusiones acerca de los peligros de la bebida y se dedicara a dar cancha a ex-alcohólicos partidarios de implantar la Ley Seca como forma de hacer frente al consumo abusivo, está claro que nadie la tomaría en serio.
El negocio de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) son las drogas. El sueldo de sus miembros, igual que el del narcotraficante, depende del tráfico ilícito y del consumo masivo, cuanto más irresponsable mejor. En contra del derecho constitucional que tiene el ciudadano de recibir información veraz, parte de su misión, en connivencia con nuestros legisladores, consiste en intoxicar a la opinión pública. Un ejemplo de ello se observa esta semana.







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