Lunes, 26 Noviembre 2007...01:30 am

Hamedaní: “Si les matamos, tenemos la droga”

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soldado-irani.jpgUna barrera de mil kilómetros intenta frenar la entrada de drogas en Irán desde Afganistán.

ÁNGELES ESPINOSA/ Imagine una trinchera gigante. Son cuatro metros de profundidad por cinco de anchura que se extiende hasta más allá de lo que alcanza la vista.

El coronel Hamedaní explica que ya se han excavado 400 kilómetros y que el proyecto es completar otros 600 este año. El enorme foso es sólo uno de los obstáculos con que Irán trata de frenar la entrada de drogas desde Afganistán, una batalla en la que lleva empeñado dos décadas y que, según sus responsables, se ha agravado desde que Estados Unidos llegó a Afganistán.

“Incluso si levantáramos una Muralla China, se las arreglarían; los obstáculos sólo nos permiten retrasar su avance de forma que nos dé tiempo a llegar”, señala el coronel Hamedaní, responsable de 300 kilómetros de frontera. (Reportaje completo, La gran trinchera iraní, en elpais.com)

Asegura que el foso se ve en las imágenes de satélite. A ras de tierra, los cientos de kilómetros excavados hasta ahora son sólo uno de los elementos de la triple barrera con la que Irán trata de bloquear el paso de los narcos. Por delante hay una doble valla rellena de alambre de espino; por detrás, un talud. Entre la valla y el foso, una franja de grava que las patrullas inspeccionan en busca de huellas que delaten una infiltración. En otros lugares se han levantado diques porque los traficantes utilizaban los cauces de los ríos.

“Casi todas las noches tenemos enfrentamientos con los narcos”, asegura. Es un combate cuerpo a cuerpo, del que no hay testigos y que sólo trasciende cuando deja víctimas mortales. “En dos décadas de lucha contra la droga, nuestra policía ha tenido 3.600 mártires y 11.000 heridos, algunos inválidos de por vida. “Es un combate a muerte”, advierte Hamedaní; “si nos matan, se quedan nuestras armas; si los matamos, logramos la droga”.

Ni siquiera las peladas montañas de las Mil Mezquitas desincentivan a los traficantes. Las tribus locales conocen al dedillo cada paso, y esa barrera natural, más que separar Irán de Afganistán, desdibuja su frontera.


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